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lunes, 26 de octubre de 2009

Historia pequeña de rayos de luz que puede ser tan enorme muchas veces.~

Había dos siluetas... eran como dos sombras...
Apenas se rozaban con sus dedos índices... se tocaban la cara... dibujándoselas...
Luego se empezaron a dibujar otras partes. El cabello, el torso, los brazos. Las piernas, rodillas y pies. Todo con detalles.
Y del vientre algo comenzó a salir... algo como una energía rara. Algo extraño, fuerte, que ligaba a las dos sombras. Como una luz. Un rayo de luz. Uno era amarillo. El otro creo que también. Y se seducían, se tocaban... Eran sólo luz. Espesa en el aire. Luz.
Y una vez que se tocaron, era complicadísimo separarse.
Y una vez que se separaron, dejaron una marca.
Y una gota de luz amarilla clara se cayó.
Era una mezcla entre dos amarillos perfectamente combinados.
Y de esa luz, algo se dibujó.
Una cara.
Y también otras partes.
El cabello, el torso, los brazos. Las piernas, rodillas y pies. Y nuevamente con detalles. Hermosos detalles.

Y los tres rayos de luz se miraron, asombrados.
Y rieron.~

martes, 16 de junio de 2009

Terror en las venas de un pedazo de papel a la deriva.


Todo se veía sepia dentro de la habitación. Hasta tus pestañas. La vida era algo que se podía dejar para después, nosotros preferíamos el amor, que no mucho que ver tienen a veces. Nos faltaba ese toque, esa conexión con la realidad, porque vos cada día, fantaseosa y atrevida, me sucumbías en tus óleos y cualquier superficie, y yo, emisor y receptor de mis propios pensamientos, a los que jamás daba interés, pues de nada servían a mi alma, te hacía delirar en dos líneas, y por las noches, mi piano que olvidaba las partituras, se hacía más poeta, creativo, vanguardista entre lo clásico, vanguardista para tus oídos, dulces, llenos de respiración joven y jovial. Te veía sonreír, con tus ojos bloqueados, pero tu alma abierta... eras una brisa atenta, y yo tu pedazo de papel a la deriva. Vos me llevabas. Sí, me llevabas. Salías de vos misma, de vez en cuando, y me sacabas de mí mismo también. Entraba yo a vos, a tu alma, y te despedazabas en polvo brillante, en aromas entre sádicos y angelicales, entre helados y candentes, entre vos y yo. Y de esas anécdotas te viste morir, volver a nacer, una mañana entre tu piel. Constituías el deleite en sí, yacías grácil sobre el colchón, y yo no quise despertarte. Me resultó tan ameno momento, tan inútil dejarlo ir. Tomé tus manos, y me dijiste que ibas a caminar hasta el cielo un día. Y no supe si soñabas dormida o despierta.~

sábado, 16 de mayo de 2009

Iris


"Mirá..." le dijo, "...mirá eso que vuela, ¿sabés qué es?"
"¿Una... mariposa?" dedujo...
"No... Es un pedacito de tu magia interna... ¿No ves que es casi tan preciosa como el enigma que cuenta tu iris?"
Y sólo pudieron sonreír...